Inclusión universitaria de personas con diversidad

CES Cardenal Cisneros

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El CES Cardenal Cisneros, referente en la inclusión universitaria de personas con diversidad

La Oficina de Atención a Personas con Diversidad comenzó a funcionar en 2010 y en el último curso ha atendido a un total de 32 estudiantes

El Centro de Enseñanza Superior (CES) Cardenal Cisneros lleva medio siglo esforzándose por ofrecer la mejor formación a los miles de alumnos que han pasado por sus aulas. En este camino hacia la excelencia y la superación, hace casi una década se decidió poner en marcha la Oficina para l a Inclusión de personas con Diversidad, un modelo que ya existía en la Universidad Complutense de Madrid, de la que el CES Cardenal Cisneros es centro adscrito desde 1971. Desde ese momento se ha atendido a más de medio centenar de estudiantes, siendo el curso que ahora finaliza en el que más actividad ha tenido esta oficina, dando servicio a 32 jóvenes que han podido afrontar su formación universitaria sin ninguna traba. El Centro se está convirtiendo en un referente en inclusión y el objetivo es continuar con el camino iniciado.

La profesora Nuria Calderón, encargada de coordinar esta oficina, explica que la historia de una estudiante de Psicología a la que ella misma tuteló fue el detonante para la puesta en marcha de esta oficina. “Era una chica con una fuerte vocación para la Psicología, pero con grandes dificultades para el estudio y posterior demostración de sus conocimientos, lo que llevaba aparejado una alta tasa de fracaso académico y un gran sufrimiento personal”, precisa Nuria Calderón. Tras mantener varias sesiones de tutoría, la joven reconoció que había sido diagnosticada como disléxica y siempre había tenido problemas para aprender. A raíz de ahí se pusieron a trabajar técnicas de estudio y logró graduarse y ejercer en el ámbito de la Psicología del Trabajo. Este caso fue el primero de muchos otros, ya en el marco de la Oficina para la Inclusión de Personas con Diversidad (OIPD).

La Oficina, que comenzó dedicada a la discapacidad, pronto se vio la necesidad de incluir problemas de aprendizaje (dislexia, déficit de atención y otras DEAs) y otras patologías crónicas que afectan al rendimiento académico, tales como trastornos de ansiedad, depresión, trastornos de la conducta alimentaria, etc. En el curso 2020/2021 de los 32 estudiantes en seguimiento por la OIPD del CES Cardenal Cisneros hay 13 casos con problemas de aprendizaje, 11 personas con grados de discapacidad que oscilan entre un 33% y un 89% y 8 estudiantes con otros problemas de carácter psíquico o pendientes de realizar la evaluación oficial de discapacidad, que se atienden como necesidades educativas personales.

Las adaptaciones que se tienen que llevar a cabo para que la formación de estos alumnos sea óptima son muchas y de diferente calado. Desde reducir obstáculos y barreras hasta adaptar el tiempo de las pruebas de evaluación. “Por ejemplo, para ofrecer las mejores condiciones para el seguimiento de las clases, a veces tenemos que garantizar sitios en primera fila para alumnos con déficit de atención (es más fácil concentrarse delante del profesor que en los últimos bancos del aula), o cerca de una fuente de luz natural para estudiantes con baja visión, o enseñar a los docentes a usar el equipo de FM/MR que una estudiante con hipoacusia necesita para seguir las clases”, precisa la coordinara de la OIPD.

Asimismo, de cara al trabajo autónomo es frecuente que se solicite a los docentes que faciliten a los alumnos los datos concretos de los capítulos en que basan sus explicaciones por adelantado para estudiantes con dislexia o problemas de aprendizaje, para que puedan acudir a clase habiendo leído de antemano la bibliografía concreta. En las pruebas de evaluación, los estudiantes con discapacidad y/o necesidades educativas tienen derecho a un tiempo extra para la realización de la prueba, así como al uso de papel sucio (que están obligados a entregar al término del examen); a veces es necesario solicitar un tamaño de letra mayor, o un interlineado concreto, por problemas de visión, o incluso una modalidad de examen diferente por problemas motóricos, que dificultan de manera significativa una respuesta escrita. Existe también un programa de apoyo mutuo coordinado desde la Universidad Complutense, donde un estudiante sin discapacidad y/o necesidades educativas, se ofrece a prestar apoyo a un compañero o compañera en seguimiento por la OIPD durante el curso, actividad que se recompensa con el reconocimiento de créditos optativos a final de curso si el apoyo ha sido correctamente realizado.

“La diversidad forma parte de nuestro mundo, en todas sus formas. Somos diversos en cuanto a origen étnico, en cuanto a orientación sexual e identidad de género, en cuanto a capacidades y funcionalidades y la Universidad no puede quedar al margen de eso. De ahí que la OIPD esté ahora integrada en la UADI (Unidad de Diversidad e Inclusión), dentro de la que se encuentran también la Oficina de Diversidad Sexual e Identidad de Género (ODSIG) y la Oficina para la Acogida de Personas Refugiadas y Migrantes (OAPRM)”, precisa Nuria Calderón. Además, en el CES Cardenal Cisneros también existe la Oficina para la Atención a Deportistas de Alto Rendimiento (OADAR), que facilita la conciliación entre el desempeño deportivo de deportistas profesionales y su carrera académica.

Los retos de cara al futuro son, paradójicamente, los mismos con los que empezó todo este proyecto: ofrecer condiciones de equidad y justicia para todas las personas en el marco del Espacio Europeo de Educación Superior, adaptando el entorno, la metodología y los procedimientos a las necesidades de los individuos.